Mitos y realidades sobre la donación de sangre
Existen muchas creencias alrededor de la donación de sangre que pueden generar dudas o
temor. Informarse y aclarar estos mitos ayuda a tomar la decisión de donar de manera
responsable y ¡contribuir a salvar vidas!
«Con tatuajes no se puede donar»
Es falso: con tatuajes sí se puede donar, tan solo es necesario que hayan pasado
6 meses desde que se hizo. Lo mismo ocurre con los piercings.
«No puedo donar porque tomo medicamentos»
En muchos casos sí puedes donar. Tomar medicamentos no significa automáticamente que
no puedas hacerlo: todo depende del medicamento y del motivo por el que lo necesitas.
Algunos para el dolor, la inflamación, las alergias o la tensión no siempre impiden la
donación. Lo más importante es que no dejes de tomar ningún medicamento por querer
donar. Si tienes dudas, cuéntale al profesional de salud que te atenderá en la
unidad de donación qué medicamentos estás tomando. No te descartes por tu cuenta:
acércate, resuelve tus dudas y deja que nuestro personal de salud determine si puedes
donar de forma segura.
«No puedo donar porque sufro de la tensión»
Si en el momento de la donación la tensión está regulada gracias a la medicación que
tomas de forma controlada, sí es posible donar.
«No puedo, estoy con la menstruación»
Si te encuentras bien y tus niveles de hemoglobina son adecuados, puedes donar
sin problema.
«Hoy ya no puedo… he desayunado»
¡Perfecto entonces! Para donar sangre no debes tener el estómago vacío: es
recomendable que comas muy bien antes de realizar tu donación.
«No puedo donar porque tuve hepatitis en la infancia»
Si te dio hepatitis antes de los 12 años, suele tratarse de Hepatitis A y no es un
impedimento para donar sangre una vez te hayas recuperado.
«No quiero, ¡donar sangre engorda!»
Totalmente falso. Donar sangre no hace que aumentes de peso ni significa que tengas
que comer más después de donar. Después de la donación solo necesitas hidratarte bien,
alimentarte normalmente y seguir las recomendaciones del personal de salud.
«No quiero, porque me da temor desmayarme y quedar débil»
Al donar sangre se extrae una cantidad que tu cuerpo puede reponer. Después de la
donación, tu organismo comienza a trabajar para recuperar las células y el volumen de
sangre extraídos. Si estás en buenas condiciones de salud y cumples con los requisitos,
tu cuerpo está preparado para recuperarse. Además, nuestro personal de salud te
acompañará durante todo el proceso y te dará las recomendaciones necesarias para que te
sientas bien. ¡No dejes que el miedo te impida salvar vidas!
«No puedo, tengo colesterol y triglicéridos altos»
Aunque es algo que se debe cuidar para gozar de buena salud, no impide que realices
la donación de sangre.
«No dono sangre, porque me tocaría seguir donando»
Donar sangre es un acto voluntario y altruista. Una vez que donas, no estás obligado a
volver a hacerlo ni a donar con frecuencia. Si en algún momento quieres volver a donar,
¡serás bienvenido! Pero la decisión siempre será tuya.
«No regalo mi sangre, porque después ustedes la venden»
La sangre que donas no se transfunde directamente a otra persona. Antes de ser
utilizada debe pasar por diferentes pruebas, procesos y controles que permiten
garantizar que los componentes sanguíneos sean seguros para quien los necesita. Por
eso, aunque la sangre se dona de manera voluntaria y altruista, todo el proceso
posterior tiene unos costos: análisis, procesamiento, preparación, almacenamiento y
conservación. Estos costos son cubiertos por el sistema de salud, no por el paciente
ni por su familia.
«Puedo contagiarme de algo al donar»
Falso. Todo el material utilizado es estéril, desechable y de un solo uso. No existe
ningún riesgo de contagio para el donante.
«La donación es dolorosa»
Falso. Sólo sentirás un pequeño pinchazo al insertar la aguja. El resto del
procedimiento es prácticamente indoloro.